Las perlas deben limpiarse después de usar el accesorio en cuestión (anillo, collar, etc.) para eliminar en lo posible el sudor, que puede afectarlas. Por el mismo motivo es necesario cambiar el hilo del collar cada dos años.

La calidad de las perlas está en función de seis puntos:

Las perlas naturales son muy escasas y por lo mismo mucho más caras que las cultivadas. Por ejemplo, un collar de perlas cultivadas puede costar entre 50,000 y 500,000 yenes y un anillo con una perla natural puede costar 2,100,000 yenes (más de dos millones de yenes).

En Japón prácticamente no se consiguen perlas naturales; puede decirse que todas son cultivadas o de imitación. Las perlas naturales se importan, por ejemplo, de México.

El proceso de cultivo de perlas ha sido patentado por dos personas, una de ellas es un japonés dedicado a la investigación de perlas y su método es el que se usa en Japón.

La ostra forma una serie de capas de proteínas y otras sustancias alrededor del núcleo que le fue depositado. Estas capas tienen estructura cristalina y, mientras más regular sea ésta, mejor reflejará la luz. Además, las capas tienen generalmente distinto espesor, lo que provoca que la luz reflejada sea de diferentes colores (por ejemplo, una capa de 0.35 micras o micrómetros refleja luz roja y una de 0.4 micras luz verde). Idealmente, si las capas fueran iguales y regulares, la luz reflejada se combinaría uniformemente y la perla sería blanca.

Al perforar la perla (para hacer collares, etc.), se hace un "blanqueo" interno de las capas. En su caso, también se puede "colorear" o teñir la perla para satisfacer los gustos del cliente; en Japón, por ejemplo, las perlas rosas (luz roja reflejada) son muy populares.

El color es sólo una característica de la perla, no decide su precio.

Es relativamente sencillo diferenciar perlas artificiales de cultivadas, pues las perlas artificiales son más lisas que las cultivadas. El modo práctico de diferenciarlas es el siguiente: frotar dos perlas de un mismo collar y dos perlas de otro collar; las perlas cultivadas presentan más resistencia al frotamiento, como si tuvieran (y tienen) pequeñísimas irregularidades en su superficie.