Al otro día, me dirigí al "Museo al aire libre de Hakone" - ¡otro nivel! -. Es un parque bien cuidado con piezas de renobrados escultores internacionales (modenos y contemporáneos). Como Rodin, Picasso y Henry Moore, entre otros. También hay un pabellón de Picasso, la zona infantil - en la que los juegos son también esculturas - me fascinó el castillo de las redes 2 - y salas de exposición temporal.
La verdad, toda una experiencia para mí, en la que paseé todo el día, tomando fotos y admirando. Salí ya tarde para comer y buscar alojamiento, esta vez en un ryokan (posada tipo japonés) de Kowakidani.
Más fotos:
pareja
diamante
dos esculturas
saludo
personaje
Al otro día me levanté temprano, caminé (20 min) hasta la estación de Gora y de ahí, en funicular subiendo montaña hasta el museo de arte de Hakone, donde aparte de lucir un típico y fresco jardín japones, exponen piezas de cerámica antigua de la zona.
Después, seguí subiendo en funicular hasta Owakudani, donde tienen minas de azufre y así huele, sin embargo no fue posible ver lo que quería ver, el Fuji desde esa zona, porque las nubes que aparentemente le rodean en esta época del año ya lo habían ocultado, así que sólo pude fotografiar el lago Ashinoko entre bosques y a mí misma buscando un buen mirador entre el bosque.
Después de subir, bajar. Inició el espectacular descenso en teleférico hasta el lago Ashinoko, el cual atravesé en un barquito que nada tiene que ver con el sitio, excesivamente adornado queriendo semejar un barco tipo europeo o de Disney.
Al llegar al embarcadero de Hakone me encontré con un lugar más bien descuidado, para el estándar japonés. Se me figuró un Acapulco en México, mucha propaganda, la parte natural hermosa pero escondida por toda la gente y parafernalia. Me decepcionó porque a Hakone le hacen mucha propaganda como punto para turismo local (tal vez es por eso que tratan de imitar lo occidental)...
Vistas del lago:
lancha
puerta
una de las orillas del lago
El hotel en que pensaba hospedarme cobraba 20,000 yenes así que me puse a buscar un ryokan; todos ocupados, pero encontré una casa que rentaba cuartos y ahí me quedé por 4,000 yenes, cara para el tamaño de onsen y no tener aire acondicionado en la habitación.
Ya instalada caminé rumbo a Moto Hakone para visitar el "Punto de Chequeo" lugar donde durante el periodo de Edo se controlaba la entrada y salida de las ciudades de comida, armamento y personas. Este punto de chequeo era de los importantes pues estaba a medio camino de Kioto y Edo (antiguo nombre de Tokio). Ahora sólo hay un pequeño museo que en realidad muestra poca información.
A partir de este punto y hasta el templo Hakone Gongen, se extiende una avenida de cedros plantados hace más de 350 años. Esta avenida toma su dimensión cuando uno piensa en el tiempo que lleva ahí y todas las personas que por ella han caminado.
El templo Gongen, ese sí es digno de visitarse. En medio del bosque, uno de los más grandes templos de Japón y fundado hace 1200 años.
Fotos:
Fíjense en las filigranas
Pequeña fuente con típico dragón
Altar
Éstas son unas tablitas que venden con el dibujo de uno de los animales del zodiaco chino y del otro lado escriben un deseo, petición o agradecimiento y lo ponen en los templos, como se ve en la foto.
Antes del anochecer regresé a Hakone para apreciar el espectáculo de fuegos artificiales del festival que celebraban ese día. Sobre el lago Puertas (como las de los templos shintoistas) ardiendo, los barquitos que al menos de noche con sus mil luces de colores lucen bien y también sobre el lago los fuegos artificiales. Es un espectáculo agradable y un reto para una fotógrafa principiante.
Después del espectáculo, por primera vez en Japón me encontré con alguien que podía ser copia del personaje aquel de "¿Qué nos pasa?" que decia "Camarón fresco del Ajusco" pero vendiendo yaki-tori (unos ricos y tradicionales alambritos de pollo) que en estas circunstnacias no me atreví a comer y me tuve que ir ala cama con dos latas de leche con chocolate.
A la mañana siguiente, antes de dejar Hakone, recorrí la orilla del lago Ashinoko, nuevamente de Hakone a Motohakone. Esta saliente es un delicioso parque nacional con vista de espejo donde, a pesar de que a las 8:30 de la mañana el calor ya era de cerca de los treinta como todos los días desde que incié mi viaje y prácticamente todo Agosto, pude finalmente disfrutar el paisaje del lago Ashinoko y el volcán Fuji. En realidad, solamente unos momentos porque antes de que llegar a Motohakone, el Fuji ya se había escondido tras las blancas nubes que días antes atravesara.
Mi siguiente visita fue a Nikko, ciudad cuyos importantes templos que, por su belleza y su historia, varios de ellos son considerados tesoro nacional y en conjunto patrimonio cultural de la humanidad.
Es un área de templos en medio del bosque, donde el ver los detalles de la puerta china solamente te puede llevar mas de un día. Yo desde las 10 de la mañana y hasta las 19 hrs. recorrí el lugar leyendo mi guía, observando y fotografiando como el rojo predominante se combina con colores brillantes siempre sobre madera tallada o pintada para dar forma a simpáticos animales y plantas reales o imaginarios que sorprenden en los elaborados techos, paredes y puertas de los templos.
La verdad, es un lugar que vale la pena recorrer con calma. Yo tomé más de 60 fotografías en esta zona, pero por un error técnico, creo que las mejores las perdí en un rollo de 36 exposiciones que velé, pero lo rescatado es lo que sigue.
Tesoros nacionales:
Al otro día fui a la cercana cascada de Kegon 1 2 3. Es alta y tienen un elevador para llegar al mirador, es decir, nada de largas caminatas o llenarse de lodo.
Este mismo día regresé a Tokio para encontrarme con una excompañera de trabajo y su hermana. Visitamos Asakuza, templo frente al cual se encuentra una gran linterna y un inmenso tianguis, tienen buenos precios y es un mundo de gente, así que si quieren comprar, es un buen lugar, pero como templo no tiene nada que hacer junto a Nikko. Como en muchos otros templos, hay una estatua a la cual se le soba la parte que uno tiene mal o quiere sanar, Junko (mi amiga) y yo, echando relajo sobamos su cabeza pues dijimos que es de lo que estábamos mal.
Después fuimos al museo de Edo. Es un museo moderno y muy amplio donde comparan a Edo con Tokio. Al otro día me levanté lo más tarde que pude (a las 10:00 había que dejar el hotel), almorcé y me dirigí a Narita para recibir a Seiji que regresaba de Oklahoma.